Derecho en la prensa


 

La Tercera: Opinión El necesario debate sobre eutanasia en 3 causales

Profesor Alejandro Leiva excribe sobre causales de eutanasia

columna aleiva latercera

Como “histórico” y un “logro para la oposición” fue catalogada la aprobación por parte de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados —aprobación, que, en todo caso, no ha sido discutida en Sala— del proyecto de ley que busca regular y permitir la eutanasia en Chile.
Más allá de la profunda y necesaria discusión jurídica que esperamos sobre este tema –y en que también tienen un rol relevante la bioética y la filosofía– vemos con preocupación la liviandad con que un sector político levanta, adelantadamente, banderas y consignas fundadas en una mal entendida “dignidad” o “libertad” del ser humano como principios inspiradores del proyecto.
Aunque no lo parezca, son esos mismos principios los que permiten sostener la inviabilidad de prácticas eutanásicas. Desde un prisma lógico, es el ser humano “vivo” —entendiendo “vida” como bien jurídico fundacional— quien posee el atributo inalienable de la dignidad; y es únicamente el ser humano “vivo” quien puede ejercer, o no, su libertad. Así, la supresión de la vida —eutanasia— no es, sino, la negación absoluta de la dignidad y la libertad.
Fundar la eutanasia en una supuesta disminución o ausencia de dignidad de, por ejemplo, los enfermos terminales, implica un ejercicio de catalogación o distinción inaceptable de seres humanos entre aquellos que poseerían una dignidad “plena” y quienes, en cambio, “nos serían tan dignos”, siendo la vida de estos últimos aquella disponible o desechable.
Asimismo, se presentan gruesos cuestionamientos a la racionalidad y validez de la decisión de un paciente que se encuentra en estado terminal, y mucho más, como pretende validar el proyecto, de aquellos pacientes cuya siquis, producto de la enfermedad, se ha visto deteriorada. Por ello, llaman la atención las declaraciones que en este mismo medio prestara el presidente de la Comisión de Salud, Ricardo Celis, defendiendo como causal de procedencia de la eutanasia el “dolor síquico”, argumentando contradictoriamente que: “Cuando una persona tiene un dolor físico enorme, también tiene dolor síquico, su siquis tampoco está en óptimas condiciones”.
En un clásico de Medicina Legal, Du Saulle afirmaba que: “En este estado, en que la vida abandona lentamente los centros nerviosos, es cuando es posible encontrar lo que se ha llamado los terrores de los moribundos, es decir, ese subdelirio sostenido por alucinaciones, por ilusiones de los sentidos y por ensueños fantásticos derivados de una imaginación cuyo principio ordenador funciona mal, o no funciona ya”, criticando, precisamente, la plausibilidad de la voluntad de un moribundo.
Por ello, resulta indispensable para una discusión seria distinguir y delimitar conceptos, lo cual no parecieran tener presente en la Comisión de Salud, confundiéndose en los distintos proyectos de ley refundidos por la Cámara nociones radicalmente diferentes como son: el derecho a rechazar tratamientos médicos; la limitación del esfuerzo terapéutico; medios paliativos y medidas de soporte vital (ordinarias y extraordinarias), entre otros, cuya aplicación no implica prácticas eutanásicas.
En efecto, ya en 2013 publicamos una investigación en que se precisan y distinguen conceptos desde un prisma esencialmente penal, pues sea cual sea la forma en que se presente el debate, eutanasia no es otra cosa que “matar a otro”, lo cual constituye actualmente un homicidio punible en Chile.
Revisa aquí la publicación.
 
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